La tierra es agua.
El agua es movimiento y sangre.
El agua es movimiento, sangre y fuerza.
El agua es resistencia y re-existencia.
El capitaloceno es radiactivo.
El capitaloceno es letal y radiactivo.
El capitaloceno es uranio, letal y radiactivo.
El capitaloceno es obsceno.
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El Antropoceno es una categoría de análisis que se refiere a la época donde las actividades humanas afectan a la naturaleza. El término viene de los vocablos griegos «anthropos» que significa humano y «cene», nuevo o reciente. Sin embargo, ¿es la acción humana la causante de la destrucción? La respuesta es compleja porque en los ecosistemas sociales hay sectores siendo guardianes de la naturaleza ante los grandes capitales que buscan explotar para acumular. En consecuencia, la reflexión apunta hacia el sistema económico capitalista que fetichiza a la naturaleza para etiquetarla como un recurso de progreso. Esto es lo que se conoce comocapitaloceno. Esta palabra taladra mis ideas y es que la era del capital no está marcada por la reducción de la desigualdad, sino por la destrucción. Cuerpos letales y colonizados que habitan el mundo por el poder del capital dejando sin respiración a la tierra.
En este sentido, dentro de la mirada hegemónica se han creado representaciones fetichizadas de la naturaleza como recurso. Para ejemplificar en Ecuador a través de los medios como la TV y el cine por décadas se posicionó la idea de la extracción como una forma para salir de la pobreza. El «boom» petrolero en la amazonía tuvo un gran impacto en la sociedad en la década de los 70s con la gran promesa de progreso que era transmitida en los medios de comunicación. 50 años después hay provincias amazónicas con más del 50% de la población viviendo en pobreza (INEC, 2024) y los medios siguen repitiendo que el dinero obtenido por explotación petrolera en en el Yasuní ITT serviría para invertir en salir de la crisis. Las representaciones de los pueblos no contactados se empezó a configurar desde el tropo de “lo salvaje” y “terrorista”. Los medios son infraestructuras que hacen posible el mundo material y simbólico (Peters 2015). Bajo esta lógica, es evidente que sostener el sistema implica reproducir una maquinaria visual que niegue a los otros seres promoviendo su inferiorización corpo-política. Esta desigualdad se tiene que combatir también desde lo cultural que permite romper la dominación simbólica para ello se tienen que proponer otras miradas en los medios.
Para propósito de esta crítica se tomará como dispositivo al cine, pues fomenta la creación de imaginarios socio-políticos que se instauran en el tejido social y reproducen miradas de entender la sociedad. Mirar en el cine implica posicionarnos para encuadrar una representación del mundo. Mirar en el cine implica repensar las gramáticas: planos, ángulos, narrativas. Para Mulvey (1988) hay un cine clásico que ha construido un lenguaje que fetichiza a través de la cosificación y el deseo de los otros. Discrepo con Mulvey pues el cine clásico tiene diversidad de miradas, es así que voy a categorizar como cine hegemónico al cine que construye un lenguaje antropo-obsceno y capitaloceno. El eje de este cine es el hombre como conquistador de la naturaleza lo cual busca crear una ceguera ideológica, pues el hombre se coloca en un nivel superior.
¿Hay otros lenguajes que cuestionan esta mirada? Desde lo independiente hay varias propuestas de un contracine ecológico; pero hoy quiero centrarme en el cineasta Jean-Jacques Martinod que fue mi descubrimiento para la exploración y resistencia ante las nocivas consecuencias del capitaloceno. Un ecuatoriano que debería ser enormemente conocido por su estilo y disruptiva forma de acercarse a la imagen. Recuerdo que hace años me dijeron que el cine militante, como el Tercer Cine, no podría tener un lugar en la agitada contemporaneidad. Con la obra de Martinod, el fantasma de la duda se esfuma de mí, pues en Antes del diluvio (Jean-Jacques Martinod, 2020), el cine militante no sólo sigue vivo, sino que se evidencia su metamorfosis a través de la creación de contra lenguajes que se distancian de las convenciones tradicionales. El director explora distintas formas para repolitizar la imagen, envolviéndola en las luchas ecológicas que defendemos dentro del escenario de una nueva guerra fría entre las corporaciones y las comunidades.
Estoy a 7,355 km del Lago Athabasca y no logro escapar de la mano destructiva del capitaloceno. Buenos Aires, Santiago de Chile, Fierro Urco, El Río Coca, Yasuní parecieran ser lugares espejo del cine de Martinod, pues tienen en común los terridicidios. Para Millán (2020), son prácticas criminales, genocidas sobre los distintos niveles de existencia: tangible, perceptual y cultural. Mientras mis ojos se dilatan por la manipulación plástica de la imagen del film mi cabeza hace conexiones con la invasión extractivista en Ecuador. Martinod se sumerge en el mundo experimental para trabajar con texturas, material de archivo, ruido, sobrexposiciones, transparencias, colorización y poesía que nos quema y nos desgarra en la medida que avanza el film. Las imágenes explotan, las imágenes evolucionan, hacen procesos químicos, las imágenes funcionan como medios de fotosíntesis en varios momentos de la película. Tarkovski dice que “el cine es una realidad emocional y, como tal, el espectador la percibe como una segunda realidad (Tarkovski 1986) , y esto pasa cuando me enfrento a las imágenes de Antes del diluvio.
En este mediometraje opera como una nueva forma de resistencia y su transfiguración me acerca a una realidad oculta en un mundo consumido por la crisis climática. La música en tonalidades graves, los sonidos metálicos, los sonidos concretos de la naturaleza, el vacío y el ruido contribuyen a una sinfonía de la destrucción e indiferencia. La radiactividad del capitaloceno está agitando la furia de la tierra, se aproxima un diluvio, se aproxima nuestro fin. La obscenidad de las élites nos arrastra al fuego, nos ahoga en gases inodoros venenosos que invaden la imagen. Martinod hace una apuesta por un contra-cine ecológico de contra-información que desarma al poder hegemónico de la imagen. En esta línea, maneja varios tipos de cámara que aportan a la premisa de imagen radioactiva. Ráfagas de texturas en negativo, planos ligeramente solarizados de las plantas, de los campos donde se siente el calor, para luego colocarnos en imágenes fijas donde la textura de los rayos X es evidente, así nos devela la conexión entre la película y la radioactividad del uranio.
Con la fiereza de estas imágenes, me resulta inevitable volver la mirada a Ecuador, el derrame petrolero tiñe la tierra, la minería contamina el agua ante la violencia del Estado hacia las comunidades. Martinod nos interpela, pues el problema es planetario.Todxs somos la misma sustancia, cucarachas, vacas, aves, todo se está destruyendo por el interés de un sistema. Todos los ciclos están alterados y esa idea la plasma en un torbellino de imágenes que comienzan a arder mientras la pantalla se llena de fragmentos. Parecería ser la creación, pero estas sensaciones, colores y texturas reflejan el fin. Es imposible que no conecte ese fuego con las llamas que consumieron Grecia, Argentina, Chile, Argelia y que siguen consumiendo los bosques latinoamericanos en medio de los gritos desgarradores de la naturaleza. Para Martinod el fin podría ser solo el ocaso de la humanidad. En este sentido, Haraway (2020) cree que es fundamental romper la supremacía de lo humano y asumir una responsabilidad en una era geológica donde lo humano y no humano están relacionados en prácticas tentaculares que necesitan una co- responsabilidad. No somos superiores.
El impacto que deja Antes del diluvio no es solo sensorial, también abarca la propuesta de un contra-cine ecológico que experimenta la creación de nuevos futuros en las periferias o el sur global. ¿Qué pasa si esto sigue así? ¿Cómo pensamos el futuro? Así nos interpela el director para sumergirnos en imágenes que nos aterran pero nos hacen imaginar cómo será el mañana. La fabulación especulativa nos permite proponer desde lugares como el cine y desde nuestra posición como seres que habitan la tierra en medio de su destrucción otras miradas (Torres 2019). El cine es un dispositivo que permite crear fabulaciones especulativas para crear mundos y futuros. Así que el contra-cine funciona con la negación de lo narrativo que históricamente nos ancla a una supuesta representación de la realidad. Alejándonos de la idea de verdad absoluta, el cineasta nos enfrenta a la verdad del tiempo que se expresa en el tratamiento de la imagen cinematográfica y se cobija en el artificio para provocar reflexiones y conexiones con el mundo.
Un contra-cine ecológico renuncia al extractivismo de la imagen como forma de explotación poderosa usada por autores hegemónicos, que con su cámara filman la destrucción del sur global con la intención de absolver sus conciencias (Figueroa 2022). El contra-cine no busca absolución, busca la condena del capitaloceno, solo con la condena podremos romper las cadenas que nos atan al mundo del desarrollo capitalista. El contra-cine encuentra estériles aquellas obras que extraen o adoctrinan desde la sequedad de las estéticas hegemónicas. Por eso, en un contra-cine ecológico:
La imagen se incendia.
La imagen se incendia y nos quema.
La imagen se incendia, nos quema y purifica.
La imagen nos ciega para ver lo que el antropoceno nos niega.
La imagen se deforma
La imagen se desangra
La imagen termina siendo agua
La imagen es un grito de la tierra antes del diluvio.

Bibliografía
Berenice Vargas García e David Varela Trejo
(2024) Futuros multiespecie: un manifiesto desde el Sur ante el Antropoceno capitalista, p. 153-169
https://journals.openedition.org/etnografica/15347
Figueroa, Sebastián (2022). Apuntes sobre cine y extractivismo. La Fuga.
https://www.lafuga.cl/apuntes-sobre-cine-y-extractivismo/1100
Haraway, Donna (2019). Seguir con el problema: generar parentesco en el Chthuluceno.
Millán, Moira (2020), “Moira Millán y el concepto de terricidio”, Otras Voces. (2.5 minutos). Disponible en https://youtu.be/Y7bZlnjsDEw
Serna, Daniel y Carlos Del Cairo (2016). “Los debates del giro ontológico en torno al naturalismo moderno.”rev.Estud.Soc. No. 55 • enero-marzo • Pp. 193-204
Tarkovski, Andrei , (1986). ‘Esculpir en el tiempo’
Torres, H., (2019). “Bastardas de Camille. Fabulación y feminismo especulativo de la mano de Donna Haraway”. Ecología Política, 57: 98-103.La tierra es agua.
