Cristel Montenegro E. Tenía 8 años. Él tenía 15. Decía que éramos amigos. Me encerraba en un cuarto, con las luces apagadas y decía que estábamos jugando. Que todo era un juego. Su mano recorría mi vulva, mis senos, y su boca recorría mi cuello. Yo no entendía, me quedaba congelada. No sabía como reaccionar.… Sigue leyendo Lo que el silencio no se llevó
